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Alimentación

Una adecuada alimentación acompañada del ejercicio físico, la educación diabetológica y el tratamiento farmacológico, son componentes esenciales en el tratamiento de la diabetes, para alcanzar con ellos los objetivos de control metabólico deseados.

Con respecto a la alimentación, no existe un solo plan que se adecue a todos los enfermos diabéticos; las pautas alimentarias en diabetes deben ser dadas a cada persona en forma individualizada, para ello debe tenerse en cuenta en primer lugar en que etapa del ciclo vital se encuentra el paciente: lactancia, niñez, adolescencia, adultez, deporte, embarazo, mujer en lactancia y ancianidad; como así también que complicaciones propias de la enfermedad existen y que otras patologías subyacen. Como vemos el plan de alimentación deberá adecuarse a cada uno de las situaciones mencionadas, como así también a los hábitos, gustos y tolerancias de cada paciente.

La alimentación de una persona con diabetes se basa en una dieta equilibrada y sana con unas características diferenciales importantes que la distinguen de la alimentación de las personas no diabéticas: a) cuantificación del consumo diario de hidratos de carbono, b) distribución regular de los carbohidratos de la dieta en al menos 4-6 comidas/día, según el tratamiento farmacológico prescrito, con el fin de evitar las elevaciones postprandiales de glucosa y las hipoglucemias entre comidas.

Y como se mencionara en otro párrafo, se reitera, la alimentación del diabético debe tener también en cuenta la presencia de otros factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión arterial, la obesidad y las alteraciones de los lípidos, que obligan a modificaciones específicas en la planificación dietética.

- Energía:

La cantidad de energía debe ser suficiente para alcanzar y mantener un peso corporal razonable. Se considera "peso corporal razonable" aquel peso que tanto el paciente como el equipo de atención sanitaria consideren alcanzable y mantenible, tanto a corto como a largo plazo. En este sentido, está plenamente demostrado que en personas con un exceso ponderal, una reducción entre el 5 y el 10% del peso corporal inicial se acompaña de una mejoría significativa del control del nivel de glucosa en el metabolismo glucémico. La prescripción calórica dependerá de la edad, el peso, la talla, el sexo, la necesidad de aumentar o disminuir peso corporal, los patrones habituales de actividad/ejercicio físico y de la capacidad y deseo del paciente de realizar cambios. La obesidad constituye un factor de riesgo muy prevalente (≈ 80%) en la DM2 por lo que generalmente se precisará una restricción energética que oscila entre 250 y 500 Kcal/día, calculada a partir de la estimación de la ingesta energética mediante encuesta dietética o bien estimando las necesidades energéticas mediante una fórmula de predicción. Un objetivo razonable es una reducción ponderal entre 0,5 y 2 kg semanales, ya que descensos superiores ocasionan más pérdida de masa muscular que de tejido graso. En la DM2, una restricción energética prolongada con una disminución de peso significativa, origina beneficios glucometabólicos que mejoran el pronóstico y la evolución de la diabetes.

- Carbohidratos:

Deben representar el 50% del total de la ingesta calórica diaria. Este porcentaje deberá reducirse al 45% o 40% en el caso de no obtenerse un adecuado control glucémico y/o frente a una hipertrigliceridemia. Habitualmente, en la alimentación del diabético se aconseja suprimir los hidratos de carbono simples (mono y disacáridos= glucosa y azúcar o sacarosa) y reemplazarlos por carbohidratos complejos asociados a fibra, en base a que aquéllos se absorben rápidamente provocando elevaciones bruscas de la glucemia. Sin embargo, se ha demostrado que no existe suficiente base científica para mantener esta recomendación ya que, por ejemplo, la fruta y la leche ocasionan una baja respuesta de la glucemia, que es inferior a la de algunas féculas y a la del azúcar común o sacarosa. A este nuevo concepto se le conoce como índice glucémico de los alimentos.

Si bien no existe suficiente evidencia científica que avale el concepto del

índice glucémico, remontándonos a la fisiología, el vaciamiento gástrico de las frutas (no sus jugos) y la leche son diferentes al de las féculas, estas últimas se vacían del estómago más rápidamente, ofreciendo su contenido hidrocarbonado al duodeno para su digestión casi en forma inmediata, son de fácil digestibilidad, dando una gran cantidad de glucosa frente al ataque enzimático de la amilasa pancreática. Con respecto a la leche cuyo proceso digestivo a nivel gástrico es complejo y su vaciamiento desde el estómago es más lento que la fécula, posee un hidrato de carbono que es la lactosa (5%), debemos recordar que este disacárido formado por glucosa y galactosa es digerido por la lactasa que se encuentra en el ribete en cepillo de la célula intestinal, siendo su digestibilidad a este nivel de mayor grado de complejidad que el del almidón de la fécula.



En este mismo sentido, se ha observado que la sacarosa ocasiona una elevación de la glucemia similar a la del pan, a la del arroz o a la de las patatas. Por este motivo, puede consumirse sacarosa siempre y cuando se tome durante las comidas y en correcta substitución de otros hidratos de carbono, en lugar de añadirse a la alimentación como ocurre en la mayoría de las ocasiones. Por otra parte, debe recordarse que la sacarosa constituye una fuente de calorías vacías y que cuando ésta forma parte de alimentos de pastelería, su consumo se acompaña de una considerable ingesta de grasa saturada y que, además, estos alimentos son en general de alto contenido calórico.

- Proteínas:

Las proteínas tienen una función plástica y si bien ellas tienen una participación inexorable en el metabolismo de la energía, el valor numérico de su prescripción debe estar dirigido a que cumplan con su función de plasticidad. El requerimiento proteico mínimo es de 0.5 g. a 0.75 g./Kg./día, la recomendación es de 0.8 g./Kg./día. Esta recomendación por hábitos en estado saludable no difiere de la recomendación para el paciente Diabético). Es preciso destacar que las distintas etapas del ciclo vital (lactancia, niñez, adolescencia, deportista, embarazo, mujer en lactancia, ancianidad), cursan con una demanda proteica superior a la cifra de 1 g./Kg./día, de la misma forma que lo hacen las enfermedades que afectan a un paciente diabético.

Es deseable que el 75% del aporte proteico provenga de los huevos, lácteos descremados y carnes, en función de la alta calidad proteica de estos productos.

Cuando hablamos de carnes nos referimos al pollo (sin piel), vaca (cortes magros), cerdo (cortes magros) y pescados, preferentemente, los de mar de aguas profundas.

Esta clase de pescados, mas allá de su calidad proteica, vehiculizan ácidos grasos de la serie omega 3 que son protectores de la salud cardiovascular. Es deseable que sean consumidos 3 veces por semana.

Se tendrá especial cuidado en cuanto al aporte proteico del paciente diabético que padezca enfermedad renal. Dicho aporte deberá ajustarse al momento evolutivo de la enfermedad.

En la etapa de microalbuminuria patológica será de hasta 1g./Kg./día; en la etapa de retención nitrogenada se ajustará el aporte entre 0.8 g/Kg/día y 1 g/Kg/día y durante el curso de la hemodiálisis la indicación será de 1,2 g/Kg/día

- Lípidos:

El porcentaje de calorías procedentes de las grasas puede variar entre 30-40% de la ración energética diaria, y esta variación estará en función de la necesidad o no de la restricción del aporte hidrocarbonado.

Debido a la relación entre algunas grasas saturadas y aterosclerosis (ácido láurico y mirístico presente en los lácteos y el ácido palmítico presente en la grasa visible de los animales), éstas deben constituir menos del 10% de la ración energética diaria cuando haya alteración del metabolismo lipoproteico. En este mismo sentido, la cantidad de colesterol vehiculizado por la grasa animal debe limitarse a 300 mg diarios. También se aconseja que la ingesta de grasas poliinsaturadas no supere el 10% de las calorías totales con una relación de ácidos grasos de la serie omega 6/omega 3 de 5/1, recordemos que ellas provienen del reino vegetal y del reino animal. El reino vegetal provee a través de los aceites los ácidos grasos esenciales: linoleico (serie omega 6) y linolénico (serie omega 3) y de reino animal los pescados de mar de aguas profundas (Ej. Arenque, caballa, sardinas, anchoa, atún, salmón, merluza etc.) aportan los ácidos grasos docosahexaenoico (DHA) y ecosapentaenoico (EPA) (serie omega 3).

En nuestro organismo, el hígado está capacitado para producir DHA y EPA a partir del ácido linolénico, pero cuando está alterado el metabolismo glucídico el hígado no puede producir estos ácidos grasos, siendo necesario su aporte a través de los productos de mar mencionados.

El resto de grasas debe proceder de los ácidos grasos monoinsaturados que tienen un comportamiento neutro frente al estado glucémico, lipídico y peso corporal.

- Fibra:

Al igual que en la población general se aconseja un consumo de fibra con componente soluble e insoluble de 20-30 g/día. La fibra es aportada por el reino vegetal. Todos los vegetales tienen los dos tipos de fibras, en algunos predomina la insoluble (Ej. salvado del trigo, hortalizas de grupo A) y en otros la soluble (Ej. legumbres, frutas, hortalizas del grupo B)

La presencia de fibra en la alimentación, más allá de brindar sensación de saciedad, retardan el vaciamiento gástrico, lentificando la llegada a duodeno de los alimentos que deben continuar su digestión, para brindar finalmente los nutrientes que vehiculizan y que estos nutrientes puedan ser absorbidos.

- Bebidas:

- Las bebidas azucaradas y refrescos que contienen azúcar deben substituirse por aquellas que contienen edulcorantes artificiales.

- El consumo de alcohol debe limitarse hasta 20 g/día. Para aconsejar esta cantidad de alcohol debemos conocer la graduación alcohólica de las bebidas consumidas por el paciente. Recordemos que el vino tiene una graduación alcohólica de aproximadamente el 10% y el contenido de un vaso es de 200 cm3, cantidad esta que llega a la indicación de 20 g/día de alcohol. En estado de descompensación metabólica debe contraindicarse la ingesta de alcohol.

- Sodio : se aconseja limitar su aporte a 6 g. de Cloruro de Sodio/día.

- Micronutrientes: Los suplementos de vitaminas y minerales no son necesarios siempre que se realice un plan de alimentación que contemple todos los requerimientos nutricionales y cuyo aporte energético no sea inferior a 1200 Kcal/día.



Alimentos "dietéticos o de régimen".

Los alimentos dietéticos (o de régimen) para diabéticos no son aconsejables en la alimentación cotidiana de las personas con DM. Ello es debido a que, aunque en menor cantidad, contienen también hidratos de carbono, suelen tener en general un coste superior y tienen unas propiedades organolépticas inferiores a los alimentos de referencia. No obstante, si estos alimentos dietéticos están correctamente etiquetados y se especifica su composición detallada, se pueden consumir con moderación. En este caso, deben substituir a otros alimentos con hidratos de carbono y no simplemente añadirlos a la dieta.

- Edulcorantes:

Pueden consumirse edulcorantes en cantidad moderada. La sacarina y el aspartamo pueden consumirse hasta 4-5 veces al día sin riesgo añadido y son los edulcorantes de elección.


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