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Estudios que evidencian la relación entre el control glucémico y las complicaciones crónicas de la DM
En el año 1978, Pirart publicó un estudio
observacional en el que se comprobaba que con la progresión natural
de la enfermedad a lo largo de 25 años, la prevalencia de
retinopatía, nefropatía y neuropatía era máxima en el grupo de
pacientes con peor control glucémico y mínima en los que presentaban
un buen grado de control. Sin embargo, no ha sido hasta la década de
los 90 cuando la denominada “hipótesis de la glucosa” ha adquirido
el máximo protagonismo y su confirmación definitiva en la Diabetes
tipo 1, al menos en lo que se refiere a las complicaciones
microvasculares. Estudios como el Diabetes Control and Complications
Trial (DCCT) y el Stockholm Diabetes Intervention Study han
demostrado que disminuir los niveles de glucemia hasta cifras
cercanas a la normalidad, retarda el inicio y la progresión de las
complicaciones microvasculares de los pacientes con DM tipo 1.

También el estudio DCCT demuestra que rebajar los niveles de
glucemia mejora el riesgo de complicaciones macrovasculares, aunque
en este caso la mejoría no es estadísticamente significativa.
Evidentemente, a partir de la publicación del estudio DCCT en
1993 surgió la duda razonable de si sus resultados se podían
extrapolar y aplicar a la DM tipo 2. En este sentido, en el año
1995, un grupo japonés de la Universidad de Kumamoto publicó un
estudio prospectivo realizado en pacientes con DM tipo 2 con un
diseño similar al del DCCT. Este estudio demuestra también que un
tratamiento con múltiples dosis de insulina, que aproxima los
niveles de glucemia a la normalidad, reduce significativamente el
riesgo de complicaciones microvasculares. La principal limitación de
este estudio consiste en que los pacientes incluidos eran de peso
normal y, presumiblemente, más insulinopénicos que resistentes a la
insulina. Por lo tanto, se trata de un grupo de pacientes cuyas
características no son las más habituales en la DM tipo 2, en la que
alrededor del 80% de los pacientes presentan exceso ponderal y en
los que predomina mayoritariamente la resistencia a la insulina.
Tampoco el estudio de Kumamoto consigue observar un número
suficiente de eventos cardiovasculares para poder determinar los
efectos del control estricto de la glucemia en el desarrollo y la
evolución de las complicaciones macrovasculares de la DM tipo 2.
Con toda seguridad el estudio de referencia más importante
realizado en pacientes con DM tipo 2 es el United Kingdom
Prospective Diabetes Study (UKPDS). Se trata del estudio prospectivo
más prolongado (1977-1997) que ha seguido un mayor número de
pacientes diabéticos (más de 5.000) de todos los realizados en el
ámbito de la DM. Este estudio demuestra que un control estricto de
la glucemia con fármacos mejora significativamente las
complicaciones microvasculares específicas de la DM, aunque no puede
demostrar de manera significativa que mejoren las complicaciones
cardiovasculares. Sin embargo, algunos estudios epidemiológicos como
el de Wisconsin y el Steno 2, sugieren que el control glucémico
influye tanto en el número como en la gravedad y mortalidad de los
episodios cardiovasculares. No obstante, tanto los datos obtenidos a
partir del DCCT como del UKPDS apoyan, de manera relativa, la teoría
de que un control estricto de la glucemia puede prevenir las
complicaciones macroangiopáticas de la diabetes. En general, parece
aceptado que la hiperglucemia desempeña un papel etiológico menos
relevante en las complicaciones macrovasculares que en las
microvasculares. En este sentido, cabe destacar que el UKPDS
evidenció que un control estricto de la tensión arterial en
pacientes diabéticos hipertensos, consigue disminuciones
clínicamente significativas de las complicaciones micro y
macroangiopáticas, que son superiores a las que se obtienen
únicamente con un control estricto de la glucemia.

Según estos resultados, parece definitivo que el
principal objetivo terapéutico en los pacientes diabéticos es
conseguir un control estricto de la glucemia y de la tensión
arterial, especialmente si consideramos los efectos beneficiosos
aditivos demostrados cuando se mejoran ambos factores de riesgo
cardiovascular. Teniendo en cuenta el origen multifactorial de la
enfermedad vascular, otros factores de riesgo como la dislipemia y
el tabaquismo merecen también un control y unos criterios de
intervención sumamente estrictos.