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Concepto y definición
Conceptualmente, se produce una hipoglucemia como consecuencia de
un incremento relativo de los niveles de insulina en sangre, que
origina un descenso excesivo de la glucosa sanguínea. En personas
diabéticas parece mayoritariamente aceptado que, desde un punto de
vista bioquímico, se alcanza la situación de hipoglucemia cuando los
niveles de glucosa en plasma venoso son inferiores a 60 mg/dl (3´3
mmol/l). Sin embargo, en la práctica médica la concentración
absoluta de glucosa no es siempre indicativa de hipoglucemia
clínica. A veces, descensos rápidos de los niveles de glucemia
pueden originar manifestaciones clínicas típicas de hipoglucemia, a
pesar de no haber alcanzado el nivel bioquímico de 60 mg/dl,
especialmente en pacientes con mal control crónico. Contrariamente,
niveles de glucemia inferiores pueden pasar desapercibidos, ser bien
tolerados y no originar síntomas clínicos.
Por consiguiente, desde un punto de vista práctico, las
anteriores consideraciones permiten afirmar que las definiciones
clínicas de la hipoglucemia pueden ser mucho más útiles. En este
sentido, están plenamente aceptados tres grados o niveles clínicos
de hipoglucemia: leve, moderado y grave.
La hipoglucemia leve se define como un episodio en el que el
paciente percibe sintomatología relacionada con la estimulación
simpática (nerviosismo, palpitaciones, sudoración) y con los efectos
de la glucemia baja sobre el sistema nervioso (falta de
concentración, hambre, visión borrosa), aunque no son lo suficiente
intensos como para interferir con su actividad cotidiana.
La hipoglucemia moderada es una situación en la que el paciente
diabético se encuentra con una alteración obvia de las funciones
motoras, con cierto grado de confusión y conducta anómala, pero en
un estado neurológico lo suficientemente alerta para reconocer la
situación y autotratarla.
La hipoglucemia grave es una situación que ocasiona alteraciones
neurológicas severas e incluso coma, en la que el paciente necesita
ayuda de otra persona para superarla.
Los episodios graves de hipoglucemia son los que precisan ayuda
de otras personas para que remitan, mientras que los no graves ceden
sin necesidad de ayuda externa y es el mismo paciente el que
controla la situación con la ingesta oral de glúcidos.