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Tratamiento de la hipoglucemia

El objetivo del tratamiento de la hipoglucemia tiene una doble vertiente: de una parte, es necesario conseguir la elevación de la glucemia lo antes posible y, de otra, hay que detectar la circunstancia que ha originado la hipoglucemia para corregirla y evitar que se repita. Siempre que sea posible, es recomendable confirmar la situación de hipoglucemia mediante la determinación de una glucemia capilar. En caso contrario, lo más razonable es actuar y tratar al paciente.

Para el enfoque terapéutico de una hipoglucemia hay que tener en cuenta la severidad del descenso de la glucemia, la gravedad de los síntomas y, de manera muy especial, el nivel de consciencia del paciente. Todo ello, sin olvidar averiguar si la hipoglucemia ha sido originada por insulina o bien por fármacos hipoglucemiantes orales.

Conviene recordar aquí, que está perfectamente aceptado que una hipoglucemia no grave es aquella que el paciente puede superar según sus propios recursos, mientras que se considera hipoglucemia grave aquella en la que el paciente precisa ayuda de otras personas para remontarla.

A efectos prácticos, vamos a considerar la actuación terapéutica según se trate de pacientes conscientes o inconscientes y, en el primer caso, teniendo en cuenta si se trata de una hipoglucemia leve o moderada.

Cuando se trata de una hipoglucemia leve, en la que predominan los síntomas de estimulación simpática, es el propio paciente (o las personas allegadas en el caso de niños pequeños) el que debe superar la situación. Inicialmente, deben ingerirse alimentos que contengan carbohidratos de absorción rápida (azúcar, bebidas azucaradas) y si en unos 10 minutos los síntomas no han remitido, debe repetirse la misma ingesta. Posteriormente, es recomendable tomar alimentos ricos en carbohidratos complejos o de absorción lenta (pan, galletas), con el fin de evitar recaídas.

Si la hipoglucemia es de intensidad moderada (visión borrosa o doble, confusión o irritabilidad, alteraciones de los movimientos...) lo más recomendable es utilizar 10 o 20 g de glucosa oral en forma de sacarosa (azúcar común). Cuando la recuperación no es inmediata, puede ser necesario recurrir a la inyección subcutánea o intramuscular de 1 mg de glucagón (hormona con efecto hiperglucemiante) y, una vez controlada la situación, ingerir carbohidratos simples por boca.

En aquellas situaciones de extrema gravedad en las que el paciente está inconsciente, obnubilado, o con convulsiones, debe administrarse directamente 1 mg de glucagón intramuscular, evitando siempre la administración de glucosa oral por el riesgo de aspiración bronquial que comporta en esas condiciones. Otra posibilidad sería administrar una inyección de una solución de glucosa al 50% por vía endovenosa, aunque hay que tener presente que estas soluciones de glucosa son muy irritantes para la pared vascular. Cuando el paciente recupere completamente el nivel normal de consciencia, debe ingerir alimentos que contengan carbohidratos simples y complejos. Si el paciente no se recupera, debe repetirse la misma pauta o remitirlo al servicio de urgencias más próximo.



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