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Insulina: tipos y características
La insulina es una hormona polipeptídica que estimula el ingreso
de la glucosa desde la sangre al interior de las células, con lo que
se dice que tiene un efecto hipoglucemiante
Debido a su estructura proteica, no puede ser administrada por
vía oral ya que se hidroliza en contacto con los jugos
gastrointestinales. Además, como consecuencia de su tamaño
molecular, es difícil administrarla convenientemente a través de las
mucosas. En general, se administra por vía subcutánea, pero con la
insulina regular de acción rápida o corriente se pueden utilizar
otras vias de administración como la intramuscular, intravenosa e
intraperitoneal.
Inicialmente la insulina se obtenía de páncreas de buey o de
cerdo, pero a partir de los años 80 se ha conseguido sintetizar
insulina idéntica a la humana mediante métodos químicos y de
recombinación genética. Actualmente, la mayor parte de la insulina
comercializada, se obtiene por recombinación genética a partir de
cultivos de microorganismos a los que se ha incorporado el gen de la
insulina.
Los preparados de insulina comercializados en la actualidad,
contienen hexámeros en solución o suspensión neutra, a
concentraciones de 100 U/ml.
Mientras que las soluciones de insulina regular o corriente son
transparentes e incoloras, las suspensiones tienen un aspecto turbio
inconfundible que recuerda el agua jabonosa.
Las soluciones de insulina, si se administran por vía subcutánea,
tienen una acción aproximada de 4 a 6 horas y debido a la duración
de su acción, se las denomina insulinas regulares, cristalinas,
corrientes o de acción rápida.
Las suspensiones de insulina tienen una acción más prolongada. Se
obtienen combinando una solución neutra de insulina con una proteína
de bajo peso molecular como la protamina, que origina un precipitado
de cristales ortorrómbicos conocido como Neutral Protamine Hagedorn
o insulina isófana NPH y que es el preparado de insulina más
utilizado. Esta suspensión de insulina NPH se puede administrar
únicamente por vía subcutánea, tiene una acción intermedia de unas
12 horas y tiene la propiedad de mantenerse estable mezclada con
proporciones variables de insulina rápida, sin pérdida de las
propiedades de ambos preparados. Este hecho, ha facilitado la
comercialización de diferentes mezclas con proporciones distintas de
insulina NPH y rápida.
Variando el pH del medio y la secuencia de combinación de
insulina y zinc, se obtienen otros compuestos de insulina con
distintas velocidades de absorción como las suspensiones de insulina
lenta y ultralenta.
A finales de los años 90, mediante técnicas de recombinación
genética, se han podido preparar análogos de insulina con secuencias
de aminoácidos distintas a las de la insulina humana. El primer
análogo de insulina de acción rápida comercializado es la insulina
Lispro. Se caracteriza por una menor capacidad para formar hexámeros
que se traduce en una absorción mucho más rápida y una duración de
la acción más corta, en comparación con la insulina rápida.
Recientemente, también se ha comercializado una suspensión de
insulina Lispro cristalizada con protamina, denominada insulina NPL
y que tiene un perfil de acción muy parecido al de la insulina NPH
humana.
Consideraciones para la conservación, uso y almacenamiento de la
insulina.
Los métodos de fabricación, purificación y comercialización de la
insulina han mejorado progresivamente durante los últimos años. No
obstante, hay que tener en cuenta que los preparados de insulina
pueden sufrir modificaciones físicas y químicas, si no se mantienen
determinadas normas de conservación.
Las temperaturas extremas pueden modificar las características y
la acción de la insulina. En consecuencia, los preparados de
insulina que no se estén utilizando, deben conservarse en el
refrigerador a temperaturas entre 2 y 8 grados.
Los viales, cartuchos o plumas en uso pueden mantenerse a
temperatura ambiente y evitar así la irritación que puede producir
la insulina excesivamnte fría en el punto de inyección.
En general, no es aconsejable mantener un preparado de insulina
en uso más de 30 días (insulina rápida) o más de 20 días (insulinas
retardadas).
Ciertas modificaciones en las características de las insulinas,
como cambios en la transparencia y color, presencia de precipitados
algodonosos, etc.
indican pérdida de la actividad de la insulina y obligan a
comenzar un nuevo vial, cartucho o pluma.